lunes, 2 de enero de 2012

¿Por qué? O mejor: ¿pur qué?



"¿Pur qué, ¿pur qué?"
A lo Mourinho me pregunto casi en plan víctima: ¿pur qué? Pero no quiero ser como Mourinho, lo odio, pero me sale así. Objetivo desde ya hace un tiempo: bajar de 38 minutos en 10 kilómetros. A cinco segundos en Canillejas y ahora en la San Silvestre Vallecana a tres segundos: 38 minutos y 2 segundos, tiempo final. Y no paro de preguntarme: ¿por qué?, ¿por qué? Estoy muy cerca de bajar de 38 minutos y sé que dentro de poco lo haré, un poco más de entrenamiento y elegir bien una carrera en primavera.
Al final es una cuestión absurda de límites, de fronteras marcadas por números objetivos y fríos. Qué son tres segundos: ...
La diferencia que se nos marca en la vida entre el éxito y el fracaso es absurda e injusta. En un examen con un cinco pelado sigues para adelante, una décima menos y eres un fracasado. A veces un examen determina nuestras vidas: oposiciones, carnet de conducir, ingreso en un determinado curso, la selectividad, etc.
Me daba miedo no posicionarme bien en la salida que es lo que te hace perder tiempo en carreras como esta. Inteligentemente pude colocarme delante y justo detrás de Fabián Roncero que acompañaba a una amiga, supongo. Salida y algunos salen como si la carrera fuera por los canapés de la cena, yo me lo tomo con tranquilidad, pasándome unos y pasando a otros en la cuesta de Concha Espina. Al finalizarla la liebre de los 38 minutos justo me pasa y a partir de ahí intento permanecer cerca pero siempre un poco atrás para evitar la aglomeración de los que corren a su vera. Bajadas por Serrano, paso a un guardia civil, a un marciano y un robot que parece bien programado para correr a tenor de su ritmo y zancada.
Pasada la embajada de Estados Unidos, la gente anima, alguno ya empieza a respirar más fuerte de lo que debiera y se descuelga. Puerta de Alcalá, mucha gente, gritos, ánimos, buen rollo y cerca de la mitad de la carrera, tengo a la vista a mi liebre y empiezo a notar el peso de las bajadas en mis gemelos. El paso por el ecuador con unos veinte segundos ganados para mi objetivo, los necesitaré teniendo en cuenta que todo hasta ahora ha sido bajada y me espera la cuesta de la Avenida de la Albufera. Pasamos por Atocha, pido ánimos, mucha gente y nueva bajada que en otras ocasiones he disfrutado pero esta vez molesto, forzado: mis gemelos ya andan cascados de tanta cuesta abajo. Decido controlar la distancia con mi liebre y guardar un poco para la Albufera.
Pasado el Puente de Vallecas, con luces, música, ruido, empieza lo bueno: una cuesta de un kilómetro quizás no tan dura pero infinita. Un tipo fuerte y envalentonado sube como si la meta estuviera allí mismo, gran error, lo tuve que recoger con pala a los cien metros. Con cabeza y tranquilidad, las cuestas son lo mio pero no te cebes (me decía a mí mismo). Voy cogiendo ritmo y poco a poco voy pasando corredores, la liebre se acerca un poco más y con mucha paciencia me voy haciendo grande viendo caer a los demás (sí, lo sé: consuelo de tontos). Termino la subida más cerca de la liebre de lo que la empecé y entonces un poco más de bajada, y la señal del kilómetro nueve. Voy realmente jodido y miro el reloj, tengo que hacer el último kilómetro en menos de 3 minutos 40 segundos, vaya, estoy al límite, una serie de un kilómetro pero llevando lo que llevo a cuestas. Empiezo a subir la velocidad, a pasar a corredores por la derecha, mis músculos están gritando que pare, que afloje, que si estoy loco. Lo estoy pero termino escuchando a mi cuerpo y aflojo un poco. No veo a la liebre por ningún lado, un segundo de duda, quizás tres segundos de duda y el objetivo perdido. Nunca sabré si lo perdí por aquello o al revés porque aflojar me permitió luego volver a retomar el ritmo, mi cuerpo no podía sostener ese ritmo infernal más tiempo.
Ya sólo queda doblar la calle y otra vez, en subida y realizar un sprint agónico y sin fuerza alguna. Paro el reloj: 38 minutos 4 segundos. Lo accioné un poco antes y lo paré justo sobre el arco, a la espera de ver si en el tiempo oficial rebajo algún segundo.
Llego muerto, me cuesta quitarme el chip de lo hecho polvo que estoy, la pequeña bolsa del corredor sin una bebida isotónica. Me encanta esta carrera y no me importa pagar lo que cuesta por ella, pero me parece inaceptable que lo más importante a tu llegada: una bebida para reponerte, no esté incluida este año, no sé en qué piensan los organizadores. Cualquier carrera de barrio, de pueblo, cuidan siempre ese detalle fundamental. La carrera más grande: no.
Así que me gasto dos euros y medio en un Aquarius de camino al metro y vuelta a casa, con más corredores con un olor de transpiraciones compartidas nada agradables (quien dijo que compartir es vivir se equivocaba).
Una ducha y al salir un sms en mi móvil: "has acabado la SSV en 0:38:02".
¿Por qué?, ¿por qué?
Arriba, la gráfica de mi carrera y más abajo comparativa con el ganador de la carrera popular.
La gráfica es muy parecida, por lo que parece supe controlar bien los ritmos en relación al perfil

2 comentarios:

  1. Al menos en tí no dices que influyeron los árbitros o la situación de la estrellas y aunque no has alcanzado el objetivo deseado si que ha mejorado la marca anterior, algo es algo; Mou nunca ve la botella medio llena, siempre vacía...

    ResponderEliminar
  2. Puedes echarle la culpa las zapatillas o a los baches de Madrid o a la Botella.
    Quizás y solo quizas, una carrera llana, sin tanta subida y bajada (rompepiernas) sea mejor para marca y sin ser un experto te aseguro que si das con ella, estás fácil en 37:40 o algo menos. Dos carreras seguidas en menos de 38:10, ritmo cogido, cuestión de detalles, nimios, tienes la marca en tus piernas Forrest.

    ResponderEliminar